Ensayo: "Violencia epistémica de género en los medios de comunicación masivos postmodernos":
“Por un lenguaje más inclusivo”. “A la vez objeto y mirada sobre este objeto, palabra y palabra de esta palabra, literatura-objeto y meta-literatura.”
Roland Barthes
“Literatura y Metalenguaje”
Por: Ursula Schultz T.
17 de Junio del 2009.
Primeramente para contextualizar hay que tener una breve consideración de los valores característicos de la modernidad para posicionarnos históricamente. En términos generales estos corresponden a valores dominantes y colonizadores propios del hombre blanco de occidente, con un fuerte predominio de la razón sobre el mundo emocional, legado propio de la ilustración. La modernidad funciona en nombre de la razón, excluye la hibrides y la multiplicidad, reprimiendo las diferencias. El pensamiento posmoderno en tanto se caracteriza por la crisis de los relatos y los valores universales, como la razón, lo que deriva en la crisis del sujeto y de los relatos de la historia. En este sentido la posmodernidad está cargada de resistencias, paradojas, utopías y vanguardias además de vacíos y complejidades que trascienden e impactan a cada uno de los sujetos de la sociedad.
El paradigma actual de la sociedad patriarcal, legado de la modernidad, se legitima constantemente a través de las imágenes y discursos propiciados por los medios de comunicación masiva. Las mujeres viven hoy en día en condiciones sociales características de la sociedad moderna, como son: invisibilidad, subordinación, explotación, exclusión, discriminación entre otros, que la afectan como sujeto y objeto del discurso culturalmente aprendido. Jameson (1988) frente a esto sugiere que “las rupturas radicales entre períodos no suelen conllevar cambios completos de contenidos, sino más bien la reestructuración de ciertos números de elementos ya dados”. Frente a esto es necesario ver a “los otros igualmente en su calidad de sujetos, es decir, dotarles de visibilidad” (Habermas, 1984) asimismo es de vital importancia que la mujer sea capaz de ser conciente de esta realidad para tomar una postura de “deconstrucción y reconstrucción” para sustituir los valores androcéntricos y roles impuestos, por otros distintos de los dominantes (Novo, s.f.) Es necesario que estos dos sujetos (mujer y hombre) no sean vistos como antagónicos sino como complementarios, comprendiendo que los roles y valores que modelan las estructuras sociales impactan a ambos géneros.
Según F. Jameson la posmodernidad irrumpe al sujeto de otra forma, lo que contribuiría a tratar precisamente temas de “los otros”, como las mujeres y las minorías, observarlos y analizarlos desde otros puntos de vista.
Frente a estas condiciones sociales el movimiento contramoderno de género irrumpe con gran fuerza en la posmodernidad. Si bien el tema de la liberación de la mujer, ha surgido en torno a determinadas mujeres a lo largo de la historia, como movimiento organizado se originó a finales del siglo antepasado, más específicamente en 1792 cuando Mary Wollstonecraft escribió su “Vindicación de los derechos de la mujer” , el cual se podría decir marca el inicio conciente de la lucha de la mujer por sus derechos.
Hoy en día el movimiento feminista pretende abandonar las oposiciones estructurales que avalan el sistema binario de sexo/género para poder crear una cultura no sexista, fundamental es en este sentido trascender a todas las estructuras sociales, interviniendo directamente en las esferas políticas y sociales definidas hasta ahora por los hombres, particularmente en la familia, la cual tal como Kate Millet señala, corresponde a la institución centrada en el lavado de cerebro sexual y actúa como una unidad estatal que gobierna a sus ciudadanos.
En este sentido al arte feminista de vanguardia de mujeres del siglo XX como: Judy Chicago, Helen Chadwick, Linda Montano, Germaine Greer, Gloria Steinem, las “Guerrilla Girls”, por señalar algunas, han sido clave para difundir las ideas feministas contra la violencia de género, propiciando la creación de nuevas realidades, de un nuevo imaginario colectivo, plasmado en diversas manifestaciones artísticas, como la literatura de mujeres como Kate Millet en su libro “Sexual Politics”, considerado un manual teórico del movimiento de liberación de la mujer, Juliet Mitchell autora de “Women’s Estate”, en el cual señala que la mujer se encuentra sujeta a las contradicciones que le crean la familia y el mundo externo del hombre.
¿Cómo podríamos brevemente entender el contexto que posibilita la violencia de género a través de los medios de comunicación?
El reconocimiento del rol de los medios de comunicación en la cultura de masas del siglo XX, es una preocupación orientada principalmente por el Instituto de Investigaciones sociales en Frankfurt, Alemania , orientaciones basadas en interpretaciones que evalúan a los medios de comunicación de masas (música grabada, radio, televisión, cine etc), como medios que generan nuevas formas de socializar en el espacio público y privado. Orientaciones características de las “Industrias culturales , ésta “tiene en cuenta sin duda el estado de conciencia e inconciencia de los millones de personas a quienes se dirige”, en donde las masas pasan a ser “un elemento de cálculo, un accesorio de la maquinaria” (Adorno, 1967a)
El acelerado desarrollo de estos medios de masas presenta aspéctos negativos, enfatizada por autores como Th. Adorno y M. Horkheimer los cuales señalan que a través de la estandarización de las representaciones simbólicas se produce una mediatización, homologando a la cultura de masas, manipulando la opinión pública, integrando a todos los sujetos a una misma cultura controlada por los medios de comunicación”. De este modo la industria cultural termina por conformar la “Subjetividad dominada”.
Ahora bien para Habermas los medios de comunicación de masas están ligados a un potencial de “crítica”, una posición de “resistencia” (Teoría de la acción comunicativa), es decir someter a crítica sus convicciones, pero para que suceda, son necesarios medios que no se centren en el monopolio informativo legitimado por el mercado, donde además el sistema no domine ni deforme “el mundo de la vida” (Cultura, Sociedad y Personalidad) que desarrolla Habermas, sino que se unifiquen y enriquezcan mutuamente. En cierto modo podríamos hacer la analogía con la dominación del sistema al mundo de la vida de Habermas, con la dominación del sistema al hombre, y la dominación del hombre a la mujer y la naturaleza, un sistema basado en la dominación y poder. Un sistema en donde “la Industria Cultural abusa de sus prevenciones con respecto a las masas para afirmar y corroborar su actitud, que considera a priori como una base inmutable” (Adorno, 1967b), en este sentido los medios de comunicación masivos, funcionan como dispositivos de saber y poder.
Ahora bien, ¿cómo las Industrias Culturales contribuyen a validar el discurso patriarcal?
Los medios de comunicación funcionan masificando y englobando a los integrantes de la sociedad bajo un mismo discurso legitimador, que evidencia todo un entramado simbólico de saberes, poderes y prácticas, las cuales en la sociedad capitalista actual, “representan transformaciones en las matrices cognitivas o de comprensión del mundo, en las experiencias cotidianas del tiempo y del espacio como en los procesos de construcción de identidades” (Ossandon, 2002), en estas influye directamente la Industria cultural como un factor dominante de la sociedad globalizada, “las ideas de orden que inculca son siempre las del status-quo, estas son aceptadas a priori sin objeción, sin análisis, renunciando a la dialéctica” (Adorno, 1968c)
En este sentido podríamos referirnos a la “violencia epistémica” de género en los medios de comunicación, la cual lleva ligada consigo el concepto de poder. El concepto de violencia epistémica deriva de Gayatri Spivak, entendida como una forma de invisibilizar al sujeto, expropiándolo de su posibilidad de representación e interpretación del mundo. La forma epistémica de la violencia de género propia del discurso que se mantiene hoy en día, conllevaría a la destrucción de las condiciones posibles para explicarse el mundo a partir de referencias propias. El “discurso” tal como señala Foucault (1992) “está en el orden de las leyes, que desde hace mucho tiempo se vela por su desaparición, que se le ha preparado un lugar que le honra pero que le desarma…”
En este sentido el paradigma binario de género impacta la producción discursiva respecto al lenguaje y la creación artística verbal de hombres y mujeres. Según Foucault (1988) “sobre el discurso recaen las prohibiciones, revelando su vinculación con el deseo y con el poder”, que trasciende a todas las esferas sociales.
El caso de la lengua, propuesta del lenguaje inclusivo:
Debemos considerar que la escritura desde sus orígenes en América Latina ha tenido una función “disciplinaria y política”, jugando un papel fundamental en la creación de la nación, ciertos libros son claves para entender este proceso, como es el caso del “Código Civil de la república de Chile” de 1855, redactado por Andrés Bello, en estos caso la literatura funciona como instrumento civilizador, de orden y movilidad social. “La preocupación por el lenguaje culto y coherente tiene una relación directa con la formación del estado republicano”, frente a estas condiciones era necesario una lengua “ordenada” y de “alcance nacional” (Serrano; Jaksic, 2000a), la lengua es un mediador entre lo real y sus interpretaciones, es manipulada y manipuladora.
Los medios de comunicación a través de la lengua e imágenes “transmiten masivamente determinadas apreciaciones, valoran o no valoran tales o cuales acontecimientos o políticas” (Hevia, 1998a), en este sentido la palabra y el uso genérico de ella influye en la creación de imaginarios colectivos determinados, que impactan fuertemente a la sociedad en su conjunto, entendiendo que lo que no se nombra no existe. “Esta distorsión en la transmisión de valores fabricados altera gravemente el funcionamiento de una sociedad, pues ya no es ella misma la que comunica los valores en que cree” (Hevia, 1998b)
Conjuntamente a partir de la diferencia biológica se crean diferencias culturales predominantes que dividen y estereotipan a los seres humanos. En este sentido los medios y la propia lengua contribuyen a resaltar estas diferencias culturales. Culturalmente hemos aprendido que para referirse a los dos sexos debemos utilizar el “masculino como genérico” . Podríamos decir que en la lengua también existen y se dan relaciones de poder, dependencia, dominación, exclusión y sometimiento, sometimiento a lo establecido.
Pensando en Foucault podríamos referirnos a la lengua como un saber enseñado, institucionalizado, que ejerce sobre los otros discursos “una especie de presión y un poder de coacción” (Foucault, 1988).
Es útil tener claro el poder de la lengua, “las lenguas pueden llevarnos a conformar nuestra percepción del mundo e incluso a que nuestra actuación se oriente de una determinada manera” , podríamos decir que la lengua no es inocente.
“El lenguaje es el sujeto”, un(a) “sujeto hasta nuestros días regulado desde el paradigma heterosexual, binario y androcéntrico” (Luongo, 2008a) en este sentido históricamente “la gramática ha funcionado siempre como un código de la lengua, que contiene sus leyes y las reglas del buen decir” (Serrano; Jaksic, 2000b), la lengua define normatividades y sanciones que organizan el ámbito de lo simbólico,
Como señala Foucault (1988), se da en las sociedades una “especie de nivelación entre discursos” a través de textos religiosos, jurídicos y literarios, con estos el discurso “se transforma en documentos que sancionan, ordenan, legitiman y otorgan carta de ciudadanía dentro del sistema sexo-genero a las producciones de las mujeres” (Luongo, 2008b)
En este sentido creo que es fundamental replantearse una reflexión en torno a como la prensa, la radio, el cine, la publicidad o la televisión y en general todos los medios de comunicación masiva, alimentan de mayor o menor manera el patrón de mujer objeto, débil y dominada, a través de las constantes imágenes y valores que difunden. “Es necesario tomar una mayor conciencia sobre la imágen discriminatoria de las mujeres en los medios de comunicación para contribuir a la eliminación de los mensajes estereotipados”. (Rodigou, 2007)
En este contexto es necesario asimismo rescatar iniciativas como las del proyecto “Web con género”, financiado por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio de España, el cual responde a la convocatoria de Ayudas 2007 para la realización de actuaciones que impulsan la igualdad de género en la Sociedad de la Información, este pretende ofrecer múltiples estrategias para lograr un lenguaje inclusivo en entornos Web, considerando la aprobación de la “Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres”, a través de un software de acceso libre y gratuito que se compone de dos bases de datos y una herramienta de consulta, con el fin de ofrecer propuestas de redacción alternativas que facilitan la utilización de un lenguaje inclusivo .
Existen alternativas de lenguaje para evitar la exclusión de la representación simbólica del lenguaje, que podemos utilizar como por ejemplo:
• Utilizar los genéricos colectivos: el alumnado, la infancia, la población.
• Utilizar abstractos: la redacción (por los redactores), la dirección (por los
directores), la legislación (por el legislador)
• Evitar el uso de el, los, aquel, aquellos, seguidos del relativo que con sentido general: El que sepa leer entre líneas lo entenderá.
Es más recomendable: Quien sepa leer entre líneas lo entenderá.
• Cambiar el verbo de la tercera a la segunda persona del singular (tú o usted) o a la primera del plural sin mencionar el sujeto.
Finalmente y a modo de propuesta, debemos considerar de qué manera los discursos públicos difunden estereotipos y modelos, lo ideal es llegar a establecer condiciones de participación amplias, activas y diversas en la elaboración de discursos, que permitan nuevas interpretaciones de la realidad, interpretaciones más libres e igualitarias. Para esto se requiere “el trasfondo de una cultura política que se haya vuelto igualitaria, libre de privilegios educativos, intelectual en toda su amplitud” (Habermas, 1989)
Los medios de comunicación masiva deberían funcionar como “intensificadores de cultura a nivel local, como instrumentos privilegiados para la comunicación, y el progreso de la sociedad, al ser canales de expresión y de la realización profunda de la sociedad” (Hevia, 1988c)
Bibliografía:
• Austin, Tomás. Los tres niveles del mundo de la vida de Jurgen Habermas. [disponible en http://www.geocities.com/tomaustin_cl/soc/Habermas/haber2.htm] (Junio 2009)
• Corsi, Jorge. Violencia masculina en la pareja. Una aproximación al diagnóstico y a los modelos de intervención. Piados, Buenos Aires: 2002.
• Foster, Hal… [et. al.] La Posmodernidad. México, Kairós, 1988: 165-186.
• Foucault, Michel. El orden del discurso, Buenos Aires, Letra e, 1992.
• Foucault, Michel. Las Palabras y las Cosas, México: Siglo XXI, 1984.
• Habermas, Jurgen. Ciencia y Tecnología. Madrid, Tecnos, 1984.
• Habermas, Jurgen. Historia y crítica de la opinión pública. España, G. Gili, 1994: 172-209.
• Habermas, Jurgen. “La soberanía popular como procedimiento”. En: Cuadernos Políticos Nº 57, 1989.
• Hevia, Renato. “Valores culturales y medios de comunicación”. En: Comunicación y Medios, diciembre 1988: 53-60.
• Kant, E. En:” Filosofía de la ilustración”. F.C.E, México, 1987: 25-38.
• Luongo, Gilda. “Lenguaje crítico, sujeto crítico y diferencia sexual. Primera mitad del siglo XX en América Latina”. En: Discursos/ prácticas N°2 [Sem. 1] 2008: 67-78.
• Monereo, Cristina. Reflexiones críticas sobre igualdad de género a raíz del proyecto de ley orgánica para la igualdad entre mujeres y hombres aprobada el 21 de diciembre de 2006. [disponible en: http://www.uv.es/CEFD/15/monereo.pdf ] (Junio 2009)
• Morín, Edgar; Adorno, Theodor. La Industria Cultural. Editorial Galerna, 1967.
• Novo, María. La mujer como sujeto, ¿utopía o realidad? [Disponible en: http://www.revistapolis.cl/6/nov.htm] (Junio 2009)
• Ossandón, Carlos. “Los inicios de la cultura de masas en Chile”. En: Historia y Comunicación social. Vol. 7 (2002) 161-167.
• Rodigou, Maite. La violencia hacia las mujeres en los medios de comunicación. Transformando las noticias. Argentina, CISCSA, 2007.
• Serrano, Sol; Jaksic, Iván. “El poder de las palabras: La Iglesia y el Estado liberal ante la difusión de la escritura en el Chile del siglo XIX”. Historia, Vol. 33,2000:435-460.
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